Una de las palabras que más se me han quedado pegadas en mi comportamiento viene de mi abuela, cuando era de pronto descuidado al momento de superar a alguien, al momento de escogerme a mí mismo, al momento de no pensar en los demás y no compartir con ellos, al momento de hacer lo que yo sí quería hacer sin tener en cuenta a los demás. En esos casos ella me decía: “Si sigues así, te vas a quedar solo.” Recuerdo que esto me ardía mucho, y me ardió mucho por mucho tiempo, tanto que incluso hoy en día mis acciones tratan de no afectar negativamente lo más posible a cualquier persona.
Recuerdo que eso me lleva a tratar bien a la gente, tratar de no aprovecharme de ella, de siempre dar mi brazo a torcer, de siempre ocupar el papel de mártir, tonto, estúpido, débil, solo para no hacerle daño a nadie, solo para no quedarme solo.
Increíblemente, me he quedado solo aún así, no tan literal, pero sí en mi vida estoy la mayoría del tiempo solo porque, a pesar de tratar de ser buena persona el 100%, al 99% de la gente no le importa alguien débil que no se atreve a imponerse, a desafiar, a dominar, a conquistar. La naturaleza no respeta a los buenos, pero sí se doblega ante los dominantes, ante los fuertes y ante los que se atreven.
He decidido hacer un esfuerzo consciente sobre mi actitud de complacencia hacia los demás porque, aparte de solo ser apreciado por pocas personas, tampoco me ha traído grandes beneficios. Me ha ido bien, pero al ver el potencial de la situación, sé que me podría haber ido mucho mejor de haber tenido una actitud más imponente. Y no es como que vaya a dejar de ser amable, pero sí pondré el valor de lo que quiero primero, antes que el hipotético sentimiento de dolor metafísico posible de mi interlocutor.
Para ser una persona que pueda cambiar algo en este mundo, hay que ser una persona con una voluntad lo suficientemente fuerte para hacerla cambiar.