El poder del dolor es tan fuerte que no todos tienen la fuerza para sanarse así mismos aunque duela, dejar de estar gordo es tan difícil que muchas personas obesas no podrían hacer ejercicio todos los días por el dolor que les daría esforzarse tanto.
Todos podemos superarnos a nosotros mismos, pero no lo hacemos porque en muchas ocasiones nos cuesta mucho trabajo enfrentarnos a ese dolor. Esa es una de las ofensas más grandes hacia nuestro futuro, traicionar nuestro propio potencial. Eso nos envía a engañarnos constantemente, evitamos arriesgarnos y, en consecuencia, evitamos las bendiciones que llegarían a nosotros si hubiéramos luchado un poco más.
Para que nosotros queramos mejorar, sobre todo en casos donde nuestro estancamiento es muy grande, tenemos primero que sentir dolores más grandes que el que nos impide hacer los cambios para crecer.
Al enfrentarnos constantemente a las cosas que nos causan dolor, empezamos a mejorar, cada vez más cercanos a las versiones superiores de nosotros mismos. Podríamos ser lo que quisiéramos eventualmente y hacer lo que quisiéramos cuando quisiéramos, seríamos libres, seríamos fuertes, estaríamos más cerca de ser una versión cada vez más divina; esa es la recompensa de la cual se ha hablado eternamente en diferentes textos famosos a lo largo de la historia.
Cuando una persona empieza a moverse hacia esa dirección y comienza a desarrollarse hacia esa versión, empieza a hacer obras dignas de una entidad divina. A partir de aquí, esta persona puede ser millonaria, empresaria, artista, escritora; tiene el poder que cualquier persona podría querer, porque puede crear realidad, puede crear recuerdos, puede crear historias, puede crear pensamientos. Podría básicamente hacer lo que sea.