Todas las personas, desde el momento en que nacen siempre uno de sus primordiales deseos, es el de ser ellos mismos y siempre querer hacer lo que ellos quieran. Sin embargo, parece como si la mayoría de personas no pudiera. Todos empiezan a poner excusas de algún tipo al momento de enfrentarse a un obstáculo.
Si una persona que cree que es libre se enfrenta a que, por ejemplo, quiere irse de viaje dos años seguidos sin trabajar. Si esa persona tiene todo ese dinero y esa libertad, esa persona con todo el gusto lo puede hacer. Pero como no pueden, la mayoría de personas lo que hacen es simplemente inventar una excusa o de pronto simplemente lo que pasa es que estas personas no pueden ni siquiera pensar tan grande.
El problema de la libertad es que es un problema mental. Somos seres incapaces de desarrollar pensamientos que no tenemos en el momento o que no tenemos aún. Podríamos pensar en una solución sobre cualquier tema, incluso en este caso, sobre nuestra propia libertad, pero no tenemos la solución en este momento.
Así que, para sobrevivir y adaptarse al mundo, nuestra evolución fue favoreciendo el desarrollo de esta energía en nuestra mente, parte fundamental de nuestra alma y ser. Con el tiempo, esa energía dio origen al anhelo de curiosidad, y fue esa curiosidad la que impulsó nuestra evolución como seres humanos.
Por eso, desde el momento de toda nuestra evolución, fue desde el momento en que fuimos conscientes de nuestra propia curiosidad cuando nosotros empezamos a crecer exponencialmente.
La curiosidad es la chispa que hace que nosotros tengamos de repente en cualquier momento una idea. Como si fuera un momento en el cual, ya sea mágicamente o por obra de Dios, nosotros de repente tengamos una idea que nos haga sentir que si seguimos esa idea podríamos descubrir algo valioso y que en el proceso de reconocer que nuestra idea es o puede ser valiosa, nos haga enfrentarnos al deseo de ir a perseguir el desarrollo de esa idea o de ir a hacer otra cosa distinta y que a partir de ese momento o esa decisión, nosotros a partir de ahí aprendamos a crecer y madurar en alineación con nuestros sueños, hasta alcanzar nuestros deseos de dinero, de libertad y de llenar toda nuestra alma.
Sin curiosidad o sin perseguir nuestra curiosidad, nosotros nos convertimos en personas monótonas. Haríamos lo mismo todos los días con ganas de querer hacer cosas, pero nosotros mismos, al fin y al cabo, somos los que decidimos hacer ese mal. Abandonamos nuestra curiosidad por complacer nuestra monotonía. Dejamos de hacer cosas difíciles por hacer lo mismo. Dejamos de hacer cosas distintas por no querer enfadar a personas. Cada vez que encontramos un reto en nuestra vida, lo abandonamos.
Muchos de nosotros no podemos tener la posibilidad de ser personas curiosas porque muchas veces nuestras decisiones se van automáticamente a abandonar nuestra curiosidad. Al abandonar nosotros nuestra curiosidad, nos abandonamos a nosotros mismos. Sin querer darnos cuenta, nosotros nos volvemos los culpables de nuestra propia desgracia.
Eso crea un resentimiento en nuestra mente, crea una especie de complejo en el espacio en nuestra mente donde se encuentra la sombra. Tenemos uno de esos problemas que son muy difíciles de sanar. Y como puede ser un problema muy difícil de solucionar, se puede convertir en algo muy doloroso. Por lo tanto, se puede convertir en un tema muy sensible para nosotros.
Tanto puede ser para nosotros este tema del complejo algo grave para nosotros que podría convertirse en algo en lo que no quisiéramos pensar y por eso podríamos tener comportamientos que podrían llevarnos a abandonarnos. Nosotros estaríamos dirigiéndonos conscientemente a nuestra propia destrucción.
Empezaríamos a autosabotearnos. Empezaríamos a hacer cosas que son malas para nosotros. Y no son de pronto cosas peligrosas, al contrario. Son más bien cosas pequeñas, como comer de más, hacer menos ejercicio, esforzarnos menos en lo que tenemos que hacer en el trabajo. Tanto que, con el tiempo, nosotros eventualmente podríamos entrar en una mala situación en nuestra vida. Puede ser tanto en la vida material que experimentamos con nuestros sentidos como también puede ser psicológicamente.
Muchos de nosotros podríamos estar haciendo nuestras cosas mejor. Entonces, lo que mejor podemos hacer fácilmente para nosotros poder desarrollar ese buen hábito que con el tiempo nos permitiría ser libres es precisamente seguir nuestra curiosidad. Siempre estar persiguiendo constantemente la curiosidad sería estar haciendo siempre lo que desearíamos.
Si quisiéramos no hacer nada un día, lo podríamos hacer. Si pudiéramos viajar toda la vida por el mundo, lo podríamos hacer. Al poder hacer lo que sea siempre, nosotros seríamos libres de hacer lo que sea siempre. Seríamos como una fuente inagotable de energía positiva, tanto para nosotros como para el mundo.
Seríamos como una especie de batería que podemos recargar constantemente, que nos movería directamente siempre a hacer lo que nosotros quisiéramos.
La libertad es un problema de energía. Entonces, para ser libres, deberíamos tener muy en cuenta dedicar una parte de nuestro día a una actividad para ejercer nuestro movimiento hacia la curiosidad.
La curiosidad vendría siendo como una especie de llave maestra o poder mágico que, con el tiempo en que la vayamos desarrollando, esta nos permitiría tener más curiosidad y, desarrollándola con el tiempo, también más libertad y más poder.
Con el ejercicio constante de la curiosidad, nosotros podemos recargarnos constantemente con energía. Con más energía nosotros podríamos disfrutar más de los resultados del fruto de nuestra labor o simplemente emplearla como quisiéramos. Empezamos a experimentar libertades cada vez más cercanas a las absolutas. No seríamos muy presuntuosos en incluso poder llegar a denominar a estas personas con una etiqueta posiblemente considerable divina. Porque, ¿quiénes más en la mitología que ha venido creando la humanidad a lo largo del tiempo han tenido más poder o libertad que los dioses?
La curiosidad es una fuente de magia.