Podemos ver con seguridad que todas las personas son capaces de pensar. Pero no todas las personas son capaces de pensar bien. Solo unos pocos pueden ser capaces de alcanzar todo lo que quieren en la vida, mientras los demás se vuelven esclavos de sus circunstancias. Todos son capaces de pensar. Pero pocos son los que le pueden sacar provecho a esa habilidad.
Cada persona a medida que va creciendo en su vida va aprendiendo y siguiendo el camino que va viendo que le va funcionando. Se va encontrando con cosas que le gustan y también desea. Sin embargo, ¿qué es lo que determina que una persona sí consiga las cosas que quiere y los demás no?
Todos los días aparecen en nuestras redes sociales por instantes la vida de diferentes personas que aparentemente son felices, millonarias y exitosas. Tanto que nos hace pensar que nosotros también podríamos tener ese éxito. Nos maravillamos y reímos con esas historias, pero por mucho que pasamos tiempo consumiendo todos los secretos y conocimientos de esa persona, la distancia entre ese éxito y nuestra vida aún parecen distantes.
Entonces, ¿ese éxito es posible? ¿Esa felicidad es real o solo es simplemente un engaño que decidimos creer porque no podemos evitar despegarnos de estar constantemente consumiendo contenido? ¿La vida que aprendemos a desear es real o solo un invento que inconscientemente empezamos a creer?
Nuestro propio pensamiento puede ayudarnos a cruzar bien la calle, a escribir cosas interesantes y hasta sentirnos de formas espectaculares. Pero nuestro pensamiento también puede convencernos de increíbles y bien argumentados engaños.
Muchas veces nos encontramos con personas que le hacen daño a los demás, que mienten descaradamente o son capaces de engañarte de una forma tan convincente para que tú les compres algo, sin importarle si tú necesitas ese dinero para sobrevivir. Te vuelves presa de engaños por no aprender a reconocer los mecanismos de tu mente.
Tanto que no eres capaz de reconocer cuándo eres consciente de que algo es bueno para ti o malo. Tu conciencia queda contaminada por engaños.
Entonces, ¿por qué unos sí son capaces de reconocer esos mecanismos? ¿Por qué otros sí son capaces de ver a través de esas ilusiones? ¿O al contrario, porque otros son capaces de crearlas?
En esta vida todos pasamos por sacrificios y dolores que la mayoría de personas nunca sabrá de nosotros. Quizá las podamos contar. Pero nunca nadie sabrá cuánto nos dolió ese corazón roto o lo mucho que nos costó salir de ciertas depresiones. Podemos hacérselo saber a los demás, pero es muy improbable que puedan sentir lo mismo.
Pero todas esas situaciones nos dejan muchos aprendizajes. Esos sucesos nos van enseñando el valor del dinero, el valor de las parejas, el valor de las personas y hasta el valor de nosotros mismos.
Pueden ser tan valiosos esos aprendizajes que después de esas situaciones terminemos volviéndonos personas más fuertes, personas más inteligentes y hasta personas con un sentimiento de valor mucho más grande.
A partir de ahí, una situación que antes nos parecía incómoda, después de haberla sufrido y aprendido, puede que la afrontemos de una forma distinta o con una actitud mucho más determinante. El fracasar un examen en el pasado nos ayuda a hacer mucho mejor el examen en el futuro. El fracasar diez veces en tratar de conseguir un trabajo nos hace personas mucho más capaces al intentar conseguir el trabajo la undécima vez.
El dolor, el sufrimiento y el fracaso, en vez de ser cosas a las cuales naturalmente les tenemos miedo, se vuelven las mejores profesoras. Con el tiempo, después de pasar muchos obstáculos, todas esas situaciones se convierten en los pilares fundamentales de nuestras fortalezas.
Después de haber pasado por ciertas situaciones, podemos verlas cuando otras personas las pasan en sus vidas y nos las cuentan. Al contrastarlas con nuestras propias experiencias, podemos reconocer si pueden ser reales o no.
Nuestra mente se vuelve una herramienta un poco más refinada en la que podemos reinterpretar cómo reconocemos las cosas que interpretamos en realidad. Podemos ver más claramente ilusiones y mentiras. Como también podemos ver nuestro camino y nuestro crecimiento.
Nuestra mente se vuelve consciente de que es capaz de trascender la información que adquirimos al vivir en el mundo. Desarrollamos una conciencia trascendente.