No existe persona que sea capaz de no frustrarse al encontrarse con que el resultado de todos sus esfuerzos es representado completamente por un mísero fracaso. Parece como si nada de lo que hacemos fuera necesario para nada, como si no tuviera ningún sentido hacer nada y que nuestras acciones no fueran necesarias para un propósito específico o claro.
¿Por qué esforzarme o ponerle mi energía a nada o a cualquier cosa si mis acciones no representan un resultado específico de acuerdo a esas acciones, al menos al momento?
¿Debería esperar, debería vigilar los resultados del tiempo para que, al ver lo que concluyen, ahí sí ver por fin que mis acciones y las cosas que he hecho sí tienen sentido? ¿Esperar eternamente es lo que debo soportar para ver que las cosas que hago sí tienen sentido?
Supongo que, después de todo, nada tiene un sentido en específico, o al menos nuestras acciones no tienen un sentido inmediato. Solo somos figuras mortales con un alma que, de acuerdo a su naturaleza, nos guía de acuerdo a su olfato, gusto o sentido; nos acerca a las cosas que creemos que queremos de acuerdo a esa brújula energética, pero aun así ninguna de esas acciones tiene un resultado completamente definido o específico.
Simplemente, nuestra vida es un constante baile en el que debemos bailar de acuerdo al son que esté sonando en ese momento. Pero si bailamos bien o mal, no tiene ninguna consecuencia directamente en nuestra crónica si no queremos. La definición de si eso está bien o mal depende de cómo queramos interpretarla. No tiene sentido o no tiene si queremos, depende de nosotros.
Nada tiene sentido, o sí, depende de lo que nosotros queramos. Y aunque lo queramos, el resultado puede ser lo que Dios quiera; al final Dios es el que define el sentido último de las cosas, nosotros simplemente somos una figura que se mueve al son que los astros estén tocando. Nuestra energía fluye con la vibra con la que nos esté respondiendo Dios en el momento. Somos unos peones en un juego de ajedrez que no podemos percibir completamente.
Nada tiene sentido a menos que nosotros le demos sentido. Dios dirige la gran orquesta y nosotros fingimos participar porque queremos que tenga sentido la inversión de energía. Al final, todos queremos sentir que la vida tiene sentido.
De lo contrario, nuestra energía vital y mental correría a circunstancias desfavorables para nosotros. Lo cual nos hace buscar sentido hasta en las cosas que aparentemente carecen de sentido.
Sin sentido, nosotros las personas simplemente seríamos peones en una historia en la que no sabemos que somos peones. Por eso nos obligamos a recibir la responsabilidad de encontrarles sentido a las cosas. Porque, de lo contrario, ¿qué seríamos?
¿Qué sería de nosotros sin la responsabilidad, sin nuestro propósito, sin nuestra dirección? Por eso deberíamos encontrar o reforzar nuestra identidad con una relación fuerte entre lo que creemos metafísicamente y lo que creemos materialmente, dado que sin eso nada te deja sentido y sin sentido se dificulta vivir, y si se nos dificultara vivir, ¿qué sería de nosotros?